Os tengo que contar lo que acabo de vivir. Y lo tengo que contar porque ha pasado hace escasos treinta minutos y aún lo mantengo fresco y real en mi mente...y esa es la única forma de contar los hechos que acabo de presenciar con la misma intensidad con la que he sentido yo al vivirlo. Vergüenza, impotencia, toda a la vez. Voy a intentar aparcar todo lo que siento para poder explicar lo que ha pasado. Volvía de dar una maravillosa vuelta en moto con mi hermanito pequeño. Volvíamos relajados después de haber disfrutado de la belleza de Mallorca y sus encantos accesibles y totalmente gratis. Pero mi día maravilloso se ha truncado. Al salir de la autopista por la salida de Son Hugo hemos visto dos coches parados. Al parecer estaban discutiendo. La primera reacción de mi hermanito pequeño ha sido pasar de largo, pero nos hemos parado detrás del coche; sólo así hemos podido ser testigos de lo que ocurría.
PRIMERA REGLA DEL BUEN CIUDADANO
Nunca pases de largo si ves una situación de tensión. Por supuesto, no te metas. Meterse en líos no es agradable para nadie y ante todo tienes que velar por tu seguridad y por la de las personas que van contigo; PERO a una cierta distancia y como testigo eres mucho más válido que si te vas. Si la situación se encrudece...sea cual sea la forma...ahí cada uno sentirá en su interior si entra a evitar el conflicto, o no. Todo es respetable. Todo...menos hacer la vista gorda. Por favor. Hay muchas cosas en juego.
Un hombre joven, de unos treinta y pico, increpaba a un conductor que permanecía dentro de su coche. Lo hacía a través de la ventanilla. Una vez parados detrás de ellos he escuchado sus gritos.
- ¡¡Mi mujer está embarazada maldito cabrón!! ¡¡¡Está embarazada!!! ¿¿Te enteras????
Estaba furioso. Furioso es poco. Estaba fuera de sí. Por un momento he pensado que el conductor les había dado un golpe al coche y el que gritaba lo hacía por esa rabia y miedo irracional que sientes cuando han podido hacer daño a lo que más quieres del mundo. Lo entendía. Pero algo no me cuadraba. Tal vez fuera esa forma del treintañero de gritar y aporrear el coche. Tal vez simplemente el instinto. Mi hermano pequeño volvía a hacer ademán de irse; también le entendía...pero lo paré con la mano. Sabía que no debíamos movernos de allí. El joven no paraba de chillar. De insultar. De amenazar. Repetía y repetía sin cesar que esperaba un hijo en el vientre de su mujer.
- Como pierda a mi hijo....te mato.
Dicho esto, metió las manos por la ventanilla del coche y empezó a zarandear al conductor. Le asestó un puñetazo. Le asestó varios más. Se alejaba del coche haciendo ademán de irse y volvía aún más envenenado por su propia rabia y violencia. No lo pensé ni un minuto. Decidí llamar a la Policía pero los móviles estaban dentro de la moto y si nos bajábamos la situación entonces podría cambiar si llamábamos la atención del energúmeno y nos metíamos en un lío. Al mirar al frente descubrí un coche de Policía Nacional que milagrosamente aparcaba en Son Hugo. Al ver el coche, el treintañero se metió en el suyo sin dejar de gritar y arrancó violentamente. Mi terrible sorpresa fue aún más sórdida cuando me acerqué al conductor y descubrí a la víctima de la agresión.
Tiene 76 años. 76, sí, habéis leído bien. Un señor mayor que ha sido ATS toda su vida. Andrés Adrover. Es calvo, lleva unas gafitas redondas y tenía hematomas y sangre en el lado izquierdo de su cara.
Advertir esas heridas hizo crecer aún más en mí la impotencia por lo que había visto.
Hablábamos con la Policía. El señor contaba su verdad. En la autopista el treintañero le había cerrado. Y el señor mayor, Andrés, también le había cerrado a él. El típico cruce que nos hace perder las formas a todos cuando vamos dentro del coche. Pero no tanto como para agredir a una persona. Ni siquiera se habían rozado. No habían golpeado los coches sino que el joven le pasó en la salida de Son Hugo para frenar y pararse justo delante de él. Luego se bajó y ocurrió lo que os acabo de contar. La Policía preguntaba por la matrícula. Andrés no se había fijado. Decía que no pasaba nada y que estaba bien. Pero yo sólo veía la gotita de sangre que le salía de su piel ajada por los años. Enfermaba de indignación por momentos. Mi hermanito pequeño tampoco se había fijado en la matrícula. Pero yo sí. 1395GTV. Ya no se me olvida. He dado una descripción a la Policía y los datos del coche. Un Fiat 500 negro.
SEGUNDA REGLA DEL CIUDADANO: SÉ INTELIGENTE. Y JUSTO
Hay detalles que pueden salvar una vida. Por desgracia sé que hay agresiones bastante más fuertes de las que he visto hoy. Pero me ha bastado. Me basta para saber que no podemos permitir ser testigos pasivos de algo así. Memoricé la matrícula casi sin proponérmelo. Sea por lo que fuera. Y debemos ser conscientes de lo importante que es. Ser justos e inteligentes para ayudar a las demás personas. Civismo. Convivencia. Humanidad. Yo sólo pienso en una cosa. Si algún día soy yo la que está recibiendo puñetazos en un coche....espero que la persona que lo vea llame a la Policía o me ayude de la forma que considere. Ojalá lo haga. Pero por desgracia a veces no es así. ¿Cuántos casos hay de atropellos y darse a la fuga? ¿De negar el deber de auxilio? No puedo comprenderlo. No puedo entender como el miedo o la locura momentánea pueden obligarte a dejar a otra persona herida tirada en la carretera. Voy a contar algo de lo que nunca hablo. Algo que no sé porqué he recordado hoy.
Cuando tenía 15 años murió un amigo mío del grupo. Murió en un accidente de moto. Un coche pegó un frenazo y paró justo frente a él. Dani no pudo frenar. Se clavó el parachoques en el estómago. Y cayó. El conductor se bajó del coche y dijo:
- Voy a aparcar y vuelvo en 5 minutos.
No volvió. Dani sufrió un paro cardíaco y lo remontó. La ambulancia llegó demasiados minutos después. De camino a la ambulancia sufrió otro. Y perdió la vida. Aún le recuerdo. Fue una persona maravillosa y el conductor que se dio a la fuga alguien a quien no perdonaré nunca. No se ha vuelto a saber nada de él. Nunca se encontró al maldito conductor. Al cabo del tiempo cerraron el caso.
Ojalá alguien hubiera podido hacer algo por él.
Por eso, sé que es de vital importancia que nos queramos y nos respetemos los unos a los otros. Que pensemos que podríamos ser nosotros mismos; nuestro abuelo, nuestro hermano, nuestro hijo, nuestra pareja...a todos nos gustaría esa mano extendida. Para algún día cogerse a ella tienes que haber extendido la tuya antes.
Andrés no quiere denunciar. No entiendo muy bien el porqué. Me he pasado media hora en el parking de Son Hugo explicándole porque es tan importante que una agresión de este tipo no quede impune. No es justo que un tío piense que puede cabrearse y dar dos ostias a alguien sólo por el mero hecho de ejercer su ira. Es inadmisible. Pero Andrés tiene 76 años y no quiere líos. No quiere temas de juzgados ni médicos ni policías. Le he pedido que fuera al médico por mí. Sabía que no lo había hecho. Por eso también me quedé con su número de teléfono. En cuanto he llegado a casa le he llamado. He hablado con su mujer, Antonia, y tras media hora de conversación estábamos completamente de acuerdo. Lo van a denunciar. Y me alegro. Testificaré lo que haga falta. Porque es el único camino para aportar mi granito de arena a esta sociedad. Porque podría olvidarlo y no preocuparme. Porque podría no escribir sobre ello. Pero compartir esto con vosotros es mi aportación al civismo. Como dice mi buena amiga Estela, hay que devolverle a la vida todo lo que te da. Entender y respetar a los demás; protegernos y comunicarnos, ser sinceros y felices. El camino no es tan difícil. A veces nos gusta parecer enfadados con el mundo. Bordes y negativos. Ariscos. Estresados. Preocupados. Frustrados. Tristes.
Puedes alargar eso tanto como quieras. Tanto como quieras hacerte daño. Puedes vivir así eternamente. Pero, quizás, un día; seas tú el conductor al que están golpeando; y el que está detrás, un enfadado con el mundo cegado por sentimientos negativos que hace la vista gorda a la paliza que te están dando.
Aún de algo trágico y horroroso puedes aportar o aprender algo positivo. Tú eres quien cambia la actitud. Tú eres quien transforma el odio en amor. Tú decides si vas a cabrearte tanto con tu vida que no vuelva a dirigirte la palabra.
CONCLUSIÓN
Ser feliz es un deber del ser humano. Sólo cuando estamos bien con nosotros mismos podemos percibir las cosas que pueden hacer felices a los demás. Cuando te sientes bien, haces sentir bien. En la situación que sea. Me recuerdo a mí misma perdiendo los nervios en más de una ocasión. Aún no controlo mi carácter. Es posible que hoy sí me sienta bien por haber sido capaz de pensar en alguien más que no fuera yo. Pero me queda mucho por aprender. A mí y a todos. Por eso es tan importante ser consciente de la fragilidad del ser humano. Del: "cualquier día te puede tocar a ti". Y del: "no hagas al prójimo lo que no te gustaría que te hicieran a ti".
Si no sonríes a las demás personas; las demás personas no te sonreirán. Sed felices. ;))
P.D: Echo de menos a mi hado madrino. Estará de vacaciones. Si me lee sabe que sigo siendo feliz. ;)))
Solo puedo añadir una cosa a todo esto que has escrito, ¿donde ha quedado el respeto a nuestros mayores que, se enseñaba antes? Aunque no lo entiendo, porque por lo que cuentas, el chico es un año más pequeño que yo y a mi si que me lo enseñaron mis padres
ResponderEliminarHay valores que por mucho que se den...si la persona que los recibe no quiere aceptarlos...se pierden en el tiempo. Y es triste. Pero siempre hay esperanza!! Cada actitud positiva que se lleva a cabo en el día en todo el mundo mantiene la fuerza de la felicidad. Gracias por tu opinión Natalia, me ha hecho mucha ilusión. Besos ;) y a ser feliz!!!
ResponderEliminar