Sé que algunos de vosotros habéis estado muy preocupados por mí. Gracias. Los que me conocéis sabéis perfectamente que mi estado de inactividad en el Facebook tenía alguna explicación. Y la verdad es que hasta hoy no he conseguido sentir las ganas suficientes como para volver a sentirme como una persona normal. Hace exactamente una semana perdí a alguien muy especial para mí, no quiero hablar de quien era él por respeto a su familia y a él mismo; sólo diré que el vacío que ha dejado es inmenso, que me ha recordado un millón de cosas que me pasaron hace unos años y que a pesar de sufrir mucho, me hicieron la persona que soy. Perderle ha sido tan de repente que me ha descuadrado por completo...supongo que como a todos cuando la muerte nos sorprende. A veces hasta da miedo volver a ser feliz...no vaya a ser que cuanto más alto estés, la ostia que te pegues sea aún más fuerte...Su vida no fue nunca un camino de rosas; fue dificil, complicada y, a veces, hasta retorcida. Y aún así irradiaba una luz interior que nos hacía quererle con locura. Tenía fuerza y personalidad, carácter y determinación, carisma, magia y encanto; humanidad, belleza y fragilidad. Era un millón de cosas. Un día antes de su muerte, estuve con él. Estaba triste y tenía miedo. Le prometí que escribiría en mi blog sobre ello...y pensaba hacerlo...hasta que le perdí...pero no quiero dejar incumplida esa promesa así que en honor a él, mi artículo de hoy en el blog va sobre el MIEDO, la MUERTE, las GANAS de vivir y VOLVER a la vida. Para ti, con todo mi amor.
MIEDOS QUE PARALIZAN, MIEDOS QUE ACTIVAN
Tenía miedo. Me lo decía. Me decía que tenía miedo a no conseguir cambiar, a no ser suficiente, a no colmar las expectativas, a no devolverle a su familia todo el amor que había recibido, a no conseguirlo, a fracasar, a no ser capaz...él, como todos nosotros, tenía miedo de muchas cosas. Igual que yo. Si me paro a pensarlo tengo miedo a un montón de cosas. Recuerdo que le dije que el miedo no podía paralizarlo, que debía utilizarlo en su propio beneficio...que debía preguntarse ¿miedo a qué? ¿miedo por qué? ¿y de qué me sirve? El miedo nunca sirve de nada a no ser que sepas utilizarlo; y eso sólo se aprende con el tiempo.
Era increible la capacidad de recuperación que siempre ha tenido, de un momento a otro dejaba de tener miedo y empezaba a creer en él mismo. Me llenaba de vida y me hacía sentir bien. Me recordaba que incluso en las peores situaciones de esta vida...hay alguna luz, una pequeña, mínima, que nos permite seguir adelante...y aunque su luz ya se apagó...y no le han permitido demostrar que era capaz, que podía y que ya no tenía miedo...su luz sigue viviendo en mí y en todos los que le queríamos. Él hace que recuerde que el miedo puede transformarse en un resorte, en el detonante que te hace volver a la intensidad y luchar por lo que quieres. Como aquel que tiene miedo a los aviones...si decide que el miedo le paralice...jamás viajará...si se enfrenta a su miedo y lo utiliza para armarse de valor...tendrá al alcance países y experiencias maravillosas; y aunque no deje de temer al avión...el miedo no desaparecerá pero se transformará en experiencia. Él me enseñó a coger la vida con todas las manos posibles...y no dejar que se escapara, nunca, por las rendijas. Por eso, no quiero tener miedo. No quiero tener miedo de la muerte. Y como dijo un día mi adorada madre...si no tengo miedo de la muerte...¿por qué voy a tener miedo de la vida?
LA VIDA Y LA MUERTE
Lo peor de perder alguien es que con él se va todo lo demás: tus ganas, tu carácter, tu energía, tu esperanza, tu ilusión, tu actividad...tu todo. Y cuando te quedas sin nada, encima tienes que batallar contra la sensación de que el mundo sigue girando...y tu mientras piensas...¿por qué narices no se para? Pero la vida sigue...sin él, sin la persona que acabas de perder...y tu no das crédito a que el resto del mundo no se de cuenta. Eso, te sume en un estado de pasividad universal que te deja sin ganas de nada. Sigues viviendo y trabajando y respirando y hablando...pero en el fondo es como si te arrastraras por un camino que no acaba de satisfacerte. Y cuando estás en este estado...te lo planteas todo otra vez, te planteas tu estado civil, si estás enamorada o no, si estás sola, si cuidas suficiente de tu familia, si eres buena persona o si realmente estás viviendo lo que quieres vivir. Sí, bueno, la espiral psicológica que he vivido esta semana ha sido jodidamente complicada. Y aún estoy en ella. Aunque eso sí, hay algo que no se me ha olvidado...y es que tengo clarísimo que entre vida y muerte, me quedo con la vida. Y si le he perdido a él, y yo sigo en esta vida...no me queda mejor forma de rendirle homenaje que aprovechando cada minuto que tengo delante de mí, vivir e intentar ser lo más feliz posible y hacerlo de tal forma que también consiga hacer felices a los demás. Por eso comparto esto con vosotros. Para que sepáis que la chica feliz que da sermones de sonrisas y abrazos también sufre y se enfrenta con la muerte. Porque eso también forma parte de la vida.
VOLVER A LA VIDA CON GANAS
Pensaba que no habría nada que me sacara de este sopor. Del estado abúlico y estúpido en el que me había sumido. La tristeza no me dejaba avanzar. El miedo no me dejaba avanzar. La soledad no me deja avanzar. Qué cerca he tenido la respuesta y cuanto se tarda en encontrarla: los sentimientos negativos no te hacen dar pasos, no te hacen mirar hacia adelante ni te permiten evolucionar ni desarrollarte. La negatividad se clava en tu ser y lo contamina de pesimismo y oscuridad. Los sentimientos negativos asesinan las ganas de vivir, los sueños y las ilusiones. Los sentimientos negativos sólo sirven para una cosa: para aprender de ellos...y luego echarlos de tu vida en forma de lágrimas. Ya no sé si puedo llorar más. Miento, claro que sí. Aún me queda mucho por llorar, por la persona que he perdido y por un millón de cosas más que aún me hacen sentir triste a veces. Pero no van a pararme. No voy a permitir que lo hagan. Hoy he vuelto a sentir que volveré a recuperar la felicidad...porque el sol sigue brillando, porque sigo rodeada de gente maravillosa, porque sigo disfrutando del rayo de sol que me ha tocado esta mañana. Porque habiendo tenido la muerte tan cerca de mí...sólo puedo pensar que si este fuera el último día de mi vida...no querría vivirlo así. No querría vivir apagada y triste, sin ti, sin emociones, sin sonrisas...no querría. Y aunque las emociones son incontrolables y cuando menos lo espere me echaré a llorar y volveré a encerrarme en casa sin intención ni energía para hablar con nadie...sé que de repente le recordaré. Y pensaré que podría llorar un millón de días en los que le voy a echar de menos...y sonreír otro millón de días por los momentos que me ha regalado mientras vivió. Al final, se trata siempre de lo mismo, vivir y morir. Y si después de vivir tenemos que morir, no quiero ni vivir pensando en morir, ni morir cuando alguien deja de vivir, ni dejar de vivir porque creo que voy a morir. El tiempo que esté viva, quiero estarlo de verdad. Simplemente se trata de eso.